Formas. El artista cusqueño exhibe la muestra “Allinta yachay” (Aprende bien) en la galería del ICPNA de Miraflores. Aquí detalla aspectos sobre sus obras y la visión que tiene del Perú.

Camina lento, entre demonios. El golpe seco de su bastón, acompasan sus pasos. Mira acá y allá, la sala está llena de sus creaturas, algunas forjadas en metal, otras en lienzos. Alberto Quintanilla me dice que su muestra se llama “Allinta Yachay”, que significa “aprende bien”.

“Sí, porque aquí, en el Perú, no aprendimos nada bien. No sé si se estudia para congresista porque, ahí está, a la vista, es un mal ejemplo de trabajo. No hemos aprendido nada. Las leyes de los incas no eran Ama sua, Ama quella, Ama llulla. Nada. Ellos tenían cuatro leyes: Allinta mijuicoy (Come bien), Allinta causacuy (Vive bien), Allinta llacay (Trabaja bien) y Allinta rury (Obra bien). Con eso, Pachacútec hizo una gran nación de cuatro suyos”, explica el artista.

No quiere llamar a su muestra ‘retrospectiva’.

No la quiero llamar así porque huele a muerto. Yo siempre estoy presente. Retrospectiva sería traer las taras de todo el pasado. Y en eso no estoy. Me preocupa eso porque el Perú no es nada en el mundo siendo un país riquísimo y con mucha historia.

Muchos personajes de Quintanilla son bicéfalos. Demonios y perros en azules y rojos con dos caras. El artista dice que sobre ellos se han formulado muchas teorías, pero el origen de los mismos se decidió al azar.

“Yo tenía un tío que se apoderó de la casa mi padre. Este tío era tacaño, mi padre era todo lo contrario. Un fiestero. Mi tío se casó con una mujer que no le dio ni un niño; a mi padre su esposa le dio quince hijos. Ese tío era malo. Un día se enfermó de párkinson y aburrido de su vida quiso matarse. Buscó una pistola y se disparó, pero como le temblaba la mano, en vez de dispararse a la cabeza, se disparó al cuello. No sé qué pasó, pero lo cierto es que con ese disparo se le fue el párkinson. Es decir, se curó de un balazo. Pero como ese tío tenía vocación de suicida, un día se vistió con su terno, se puso sombrero y se metió a su tina y se ahogó. Un día se me cruzó la idea de hacer un retrato de ese tío, lo dibujaba de frente, pero no me salía. Intenté hacerlo de perfil y cuando creí que así estaba bien, cargué los pinceles. Al aplicar la pintura, esta se chorreó por los trazos del retrato de frente. Me salió el tío con dos caras.

Lo asumió como creación.

Mira, cuando tenía que irme a Europa, Sebastián Salazar Bondy me preguntó ¿ya escogiste tus obras?, le respondí que sí. Y cuando vio el retrato del tío, me dijo “¿y esto qué hace acá? Llévalo, está muy interesante”. ¿Tú crees? “Sí, claro”. Y lo llevé. Después, cuando Héctor Velarde y Manuel Checa Solari, “Mañé”, vieron el retrato en una muestra en Lima, uno decía “es freudiano” y el otro respondía “no, es Lacán, que dice que somos dos en uno”. Yo escuchaba esa disputa cuando llegaron dos muchachos y comentaron “aquí están el doctor Jekyll y Mr. Hyde”. Asimismo, dos viejitas explicaban que allí estaban pintados “el sincero y el hipócrita”. Yo, entre mí, me decía, ¿todo eso he hecho yo?

Yo lo entendía como el pasado y presente.

Sí, puede entenderse así, como siempre hago ruedas y las ruedas simbolizan el tiempo. Además, como soy pintor, soy testigo de mi tiempo.

Sus perros son recurrentes.

Sí, yo pinto perros. Pero mira, siempre se dice que el perro es amigo fiel del hombre, los más buenos, y los adoramos. Pero cuando alguien te odia, te dice “perro de mierda”. Esas son las contradicciones humanas.

Hablando de demonios, ¿grafica el infierno?

Mira, un día un alemán me dijo “estos cuadros parecen el infierno”. Sí, le dije, representan mis fantasmas. En mi país pasa esto, aquello, y ¿quiere que pinte margaritas? No, yo quiero que mi pueblo reaccione, reviva, viéndose en mi pintura. Yo no puedo hacer florcitas. No soy un pintor abstracto.

¿El Perú es un infierno?

Todo. En este momento es más que infierno. Hay días que es el cielo. Cuando era niño era un paraíso muchas veces, pero eso fue cuando tenía la visión de un niño.

¿Ahora pinta el bien y el mal?

Claro. No podemos liberarnos. En este pueblo hay una tragedia que perturba.

¿Cuál?

El asesinato de Túpac Amaru, de Micaela Bastidas, de los hermanos Angulo, de Manco Inca. Ahí comenzó nuestro drama. A ellos le debemos agradecer porque hicieron de nuestro país una gran nación.

Ahora el Perú está en las manos de los políticos.

Sí, pero van a tener que cambiar porque sino lo hacen, se van a joder. Hay mucha corrupción y el pueblo, ya lo estamos viendo, está despertando.