JAVIER ESPINOSA Enviado especial Pyongyang (Corea del Norte)

Las nuevas calles de Pyongyang rompen con décadas de simetría y ortodoxia, y apuestan por el “individualismo”.

La entrada de la Academia Paektusan está dominada por un ingente mural que recoge con el esfuerzo detallista del “realismo socialista” una panorámica de Pyongygang. “Lo actualizamos cada vez que se construye una nueva avenida. Ahora estamos pintando la calle de Ryomyong”, asegura Sin Hyon Hui, la guía oficial que acompaña a los periodistas.

El primer piso está dedicado a exhibir las decenas de diseños que partieron de esta institución y que hoy constituyen hitos arquitectónicos de la capital norcoreana: el monumento de la Fundación del Partido de los Trabajadores, el rehabilitado teatro Moranbong, el hotel Yanggakdo o la Villa Deportiva. Pero también nombres que se asocian con el nuevo estilo que parece haber quebrado décadas de ortodoxia “socialista” como las calles Changjon, Unha y -como no- el publicitado barrio de Ryomyong.

Sentado en uno de los pupitres del recinto, el arquitecto Kim Kum Chol, de 38 años, admite que en cuestión de gustos “el respetado mariscal Kim Jong Un tiene la palabra final” y cualquier diseño de cierto calado debe pasar su aprobación.

“El mismo dirigió el diseño del nuevo aeropuerto en 2015. Siempre seguimos la línea de la arquitectura Juche que nos mostró el gran líder Kim Jong Il”, asevera el especialista, que participó en la decena de grupos de arquitectos de Paektusan que fueron movilizados para asistir en la edificación de Ryomyong.

La inauguración de este último conglomerado de viviendas en la capital norcoreana el pasado mes de abril se convirtió en el clímax del esfuerzo que mantiene el nuevo dirigente de Corea del Norte para remodelar el paisaje urbanístico de Pyongyang siguiendo un estilo casi futurista y que casi se ha traducido en la construcción de un nuevo barrio por año de mandato.

“Durante los 90 sufrimos la Ardua Marcha [la expresión que se usa en este país para aludir a la hambruna que mató a cientos de miles] y la expansión de Pyongyang se paralizó. Por eso desde 2012 hemos construido 5 nuevas calles (suburbios)”, asevera el especialista.

Como todo en este país, la evolución de la arquitectura en Pyongyang siempre ha estado vinculada a los designios del liderazgo. Los vestigios de la colonización japonesa y de la influencia histórica de la vecina China quedaron arrasados al igual que el resto de la ciudad por los bombardeos norteamericanos durante la Guerra de Corea (1950-53) lo que permitió a Kim Il Sung reconstruir la capital emulando el modelo de quienes entonces eran sus principales aliados: la Unión Soviética y la Alemania del Este.

La rehabilitación se inició con la construcción de la Plaza Central, que después sería renombrada Plaza Kim Il Sung, junto al río Taedong, que serviría de eje central para todo el plan urbanístico ulterior y donde destaca la profusión de grandes columnas y otros elementos del “neoclasicismo” estalinista que también se usó Moscú en aquellos años. Un estilo que posteriormente se alternaría con los edificios inspirados en la arquitectura tradicional coreana como la Gran Casa de Estudios del Pueblo o el Gran Teatro Pyongyang.

La iconografía marxista que prevalecía en los años 50 llevó a que la primera gran travesía capitalina completada en 1954 se llamara Avenida Stalin antes de ser la actual Calle Victoria o a que los retratos dominantes en la Plaza Kim Il Sung fueran primero los de Marx y Lenin, para después ser reemplazados por los de los del abuelo y padre del actual mandatario. Sin embargo, con el paso de los años la filosofía “Juche” dictada por Kim Il Sung comenzó a desplazar al marxismo en todos los sectores del país y por ende en la inspiración de los arquitectos locales.

Como dice el propio Kim Kum Chol, la capital asistió a la aparición del monumentalismo asociado al culto de la saga Kim que empezó a materializarse con la edificación en 1961 del monumento con el caballo con alas que honra el llamado “Movimiento Chollima” -una gran campaña de movilización de los trabajadores azuzada por Pyongyang-, y se confirmó con la instalación de la ingente estatua de Kim Il Sung en 1972 -que a partir de 2011 se vería acompañada de la figura de su hijo Kim Song Il-, la construcción en 1982 de la propia torre “Juche” y el Arco del Triunfo, una réplica del parisino. Se trataba de diseñar una ciudad perfectamente cuadriculada y dominada por “la estética y las ideas que nos dicta el Partido”, como puntualiza Sin Hyon Hui.
Tratados de arquitectura del amado líder

Por si los especialistas tenían alguna duda sobre cuál era ese ideario, el propio Kim Jong Il escribió un explícito tratado de arquitectura en 1991 que desde entonces sirvió como libro de cabecera para todos los trabajadores de este ramo y cuyo espíritu se podría resumir quizás en una única frase: el “foco” de todo diseño urbano se debe poner en la figura del líder “asegurando que su estatua juega un papel primordial en la formación arquitectónica de la ciudad”.

Sin apartarse de este principio básico, Kim Jong Un parece decidido a dejar su impronta en la expansión de la capital norcoreana bajo la premisa del nuevo eslogan que difundió en 2015 y que ahora se puede leer en algunas pancartas capitalinas: “¡Entremos en la era dorada de la construcción aplicando las ideas Juche del Partido sobre arquitectura!”

La apertura en el terreno del diseño urbano ha llevado a Pyongyang a enseñar a los responsables de sus futuras construcciones técnicas e ideas al margen del rigor estalinista en el que siempre se educaron poniéndoles en contacto con personajes como el arquitecto Calvin Chua. Desde hace dos años, grupos de arquitectos norcoreanos participan en talleres de formación bajo la tutela de este especialista de Singapur, que colabora con la ONG Choson Exchange.

Chua -que llegó a trabajar en Madrid- visitó Corea del Norte por primera vez en 2008 como turista y al regresar a su país se presentó como voluntario al citado Choson Exchange, una organización especializada en la singular tarea de apadrinar cursos de formación para técnicos y profesionales norcoreanos.

“Hemos organizado ya 6 cursos con una docena de arquitectos norcoreanos y otros 12 extranjeros en cada cita. Vienen desde profesionales a estudiantes. Son sesiones de 10 días”, explica Chua en una conversación telefónica. El especialista reconoce que los nuevos suburbios capitalinos son un “fenómenos totalmente nuevo” para los parámetros usados en la nación asiática.

“Han pasado de los macro distritos a las calles icónicas. Les mueve la demanda de vivienda pero también un cambio desde el punto de vista estético. Por ejemplo, en Mirae cada edificio es diferente al otro, lo cual es completamente revolucionario porque antes se diseñaba todo el barrio de forma uniforme. Ahora se favorece el individualismo y esto es muy interesante. Lo único que no está permitido son los diseños extravagantes, como en China, porque todos tienen que ser aprobados por el gobierno”, asevera.

El material predominante sigue siendo el cemento ya que el acero “tendrían que importarlo de China y eso les sale muy caro”, añade el arquitecto. Los cursos apadrinados por Choson Exchange pretenden aleccionar a los arquitectos norcoreanos en conceptos tan ajenos a su experiencia como la “rehabilitación de estructuras deshabitadas”. “En Corea del Norte los edificios que no se usaban solían ser demolidos y se volvían a construir con otro propósito. Intento que busquen ideas para remodelar esas construcciones sin necesidad de destruirlas”.

El experto, sin embargo, admite que no han conseguido encontrar una solución al que quizás sea el habitáculo abandonado más ingente del orbe: el hotel Ryugyong, una espectacular pirámide de 105 pisos y 330 metros de altura cuyo armazón fue concluido en 1987 pero nunca llegó a ser finalizado. “Es demasiado monumental, enorme, y no saben qué hacer con él”, agrega.

El clímax de esta nueva tendencia donde las líneas simétrica se han visto desplazadas por las curvas, la diversificación de formas y el modernismo casi techno, resulta obvio al visitar la calle Mirae -inaugurada en 2015- o Ryomyong. La construcción de esta última avenida que se extiende hasta el Palacio del Sol Kumsusan -donde reposan los cadáveres embalsamados de los dos primeros Kim- se acometió como si fuera un hito sagrado en la historia del país.

“Espíritu invencible de la Corea socialista”

Durante una de sus recurrentes visitas al arrabal en enero pasado, el propio Kim Jong Un incidió en la trascendencia que concedía a este proyecto y dijo que se debía entender como “un campo de batalla que demuestra el espíritu invencible de la Corea socialista” al tiempo que pedía “con ardor a todos los trabajadores que se lanzaran a una carga final para llegar a la línea de meta”, en palabras de la agencia oficial KCNA.

Quizás por ello, el aparato de propaganda de Pyongyang concedió durante meses una atención casi metódica a la construcción del barrio, informando de “avances” tan peculiares como el cuidado concedido a “las 30 especies de 25.000 árboles” y flores plantadas en la zona para que “echen raíces profundas y estén protegidos de las heladas de enero”.

Se trataba de conocer al detalle el número de azulejos utilizados, cuantos árboles frutales se habían incorporado a las zonas verdes, los voltios consumidos por las bombillas de las farolas y la altura de estas y en un ejercicio de singular precisión saber exactamente el porcentaje de progresión diaria de los trabajadores. Por ejemplo, el 4 de marzo pasado el diario Pyongyang Times especificó que la construcción de todo el barrio se había completado exactamente hasta un 86,3 por ciento.

El resultado es un suburbio destinado a acoger a cerca de 5.000 familias, con más de 40 rascacielos y bloques de apartamentos, incluido el más alto de Pyongyang que el principal diario local, Rodong Sinmun, llegó a decir que tenía la apariencia de un “misil erecto” como aquellos que “envolverán a nuestros enemigos con una lluvia vindicativa de fuego”.

“La calle ha sido construida como un icono de la arquitectura moderna y un país de hadas. Un símbolo de la gran era de Kim Jong Un”, le secundaba el Pyongyang Times. “Bienvenidos a los residentes que vivirán aquí bajo el amor y el cuidado de nuestro líder supremo, Kim Jong Un”, se leía en un cartel colocado frente a uno de los bloques de apartamentos de Ryomyong días después de su finalización.

El énfasis del mandatario en la edificación capitalina ha supuesto la movilización de miles y miles de trabajadores acarreados desde otras provincias como Kim Myong Chol, un joven de 22 años, incorporado a las llamadas Brigadas de Construcción, y que en el último quinquenio ha participado en la edificación de “tres calles”.

Chol asistió a la ceremonia de apertura de Ryomyong en abril, que estuvo presidida por el mismo Kim Jong Un. “No podía contener mi corazón. ¡Estaba tan cerca de él! ¡Me hubiera gustado correr y abrazarme a él!”, explicó con la voz trémula que usan la mayoría de los norcoreanos cuando se refieren a sus dirigentes.